El tomate es originario de América del Sur, más aún podemos decir que es propio de las laderas de los Andes. Su cultivo se desarrolló fundamentalmente en México y actualmente se consume en todo el mundo.
Su ingreso a Europa se llevó a cabo por los colonizadores
españoles, que probablemente hayan difundido la variedad amarilla, de ahí que en
Italia lo llamaran “pomodoro” (manzana de oro).
Son de mejor sabor los que se maduran al sol del verano. En el
comercio lo podemos obtener durante todo el año. El tomate fresco y en su punto
ideal de madurez, se lo reconoce por su firmeza al tacto, piel lisa, sin
arrugas, manchas ni machucones. Si se ingiere verde puede ser más difícil su
digestión, para lograr la maduración casera, envuélvalos en papel de diario
durante unos días en algún lugar fresco y seco. Desde el punto de vista
nutricional, son ricos en vitaminas A (beta-carotenos o provitaminas), C y E (si
los consume frescos) y licopenos (colorante natural) de acción antioxidante.
El licopeno es un pigmento rojizo que le da el color
característico al tomate. Varios estudios han manifestado que los alimentos muy
ricos en licopenos, como lo son el tomate, la sandía, las uvas rosadas y el
pomelo rosado, contribuyen a disminuir el riesgo de padecer ciertos tipos de
cánceres, como el de próstata, páncreas, pulmón y colon.
Son también importantes en antioxidantes y presentan efectos
benéficos sobre el sistema inmunitario. Estudios recientes recalcan que el
consumo de tomates hace disminuir el riesgo de “ataques cardíacos”. Esto último
está relacionado a la acción anticoagulante que poseen sus semillas. Aconsejamos
ver nuestro artículo del 14 de Enero en
http://www.aprenderacomer.com/modules.php?name=News&file=article&sid=155
donde lo explicamos con mayor
detalle.