Con frecuencia escuchamos o leemos, que los pollos parrilleros que se consumen contienen 'hormonas y antibióticos' con su lógico efecto nocivo para la salud. Esto actualmente no es de esta manera, por dos motivos: 1ro, no serían legalmente autorizados y 2do, no existen razones económicas que justifique dicho procedimiento.
En los últimos cuarenta años y hasta nuestros días, el progreso
genético, sanitario, nutricional y de la crianza de pollos parrilleros ha
permitido lograr que una especie, de un ciclo de vida determinado, pueda obtener
cifras record insospechadas en el peso final de faena.
En la década del 50 la industria tardaba 5 meses en lograr un
peso de faena de 2 kilos, necesitando 10 kilos de alimento para lograr este
producto. Hoy se tarda 50 días para lograr un peso de faena de 5 Kilos, con la
mitad del alimento (5 kilos). Esto se logró por que se avanzó marcadamente en la
genérica de los pollos, en los cuidados de crianza, en el alimento balanceado
(sin hormonas ni antibióticos) y en los cuidados sanitarios de los mismos. Con
respecta a los alimentos balanceados estos estás constituidos por:
1.
Un núcleo vitamínico y mineral que aportan nutrientes esenciales
y algunos aminoácidos.
2.
Un concentrado proteico de origen animal y vegetal.
3.
Un cereal que generalmente es maíz.
4.
Un grupo de aditivos que son:
·
Antioxidantes, emulsionantes y conservantes. Que en absoluto son
perjudiciales al ser humano.
·
Sustancias preventivas de las parasitosis aviaria, que se retiran
de los alimentos mucho antes de la faena no quedando residuos en el animal.
Inocuos para el consumo humano.
·
Promotores del crecimiento, que son aditivos obtenidos por la
fermentación microbiana o por síntesis química. No son medicamentos para
animales, se utilizan en bajas dosis, no son absorbidos y se eliminan por las
heces. Cualquier elemento utilizado en los alimentos balanceados, deben ser
estudiados y aprobados por el SENASA para demostrar su inocuidad.
La utilización de hormonas en la producción de carne de ave,
tiene un antecedente lejano que dio lugar a la formación de un prejuicio en la
población, que todavía hoy está muy arraigado.
Esto es debido en gran parte, a que en la década del 50 (1950 –
1960) se utilizaba dietilestilbestrol (DES), un estrógeno sintético (feminizante)
en forma de implantes subcutáneos, que aumentaba los depósitos de grasas en los
pollos. Se trataba de animales de crecimiento lento que llegaban a la faena a
los 6 meses de vida. Hubo casos descriptos de cuadros de feminización y
ginecomastia (agrandamiento de mamás). Si bien nunca fue muy claro si se debió a
la ingesta de pollos u otras causas. En otros países se publicaron casos
similares. En 1960 el DES fue prohibido en todo el mundo. Igualmente este
concepto de la utilización de hormonas, quedó muy arraigado en la población.
Actualmente el empleo de hormonas en la producción de pollos no
tiene sentido, ya que son animales totalmente diferentes que por sus cruzas
genéticas crecen y aumentan de peso mucho más rápido y en kilo de peso vivo para
la faena más del doble que los anteriores. Además existen regulaciones y
estrictos controles por parte de las autoridades oficiales (SENASA). Por estas
razones y además de estar prohibido a los productores les resultaría
antieconómica la utilización de los mismos.
La utilización de antibióticos en los pollos es una cuestión de
suma importancia y que genera gran confusión en los consumidores. Aunque es un
tema diferente al de las hormonas, para el público es igual, razón por la cual
se debe aclarar esta situación. En los años 50 se utilizaban antibióticos para
contrarrestar las enfermedades infecciosas que eran muy comunes en los pollos.
Actualmente con el mejoramiento de la nutrición balanceada, la sanidad y las
cruzas genéticas, han disminuido marcadamente estas enfermedades. Los
antibióticos y las dosis que se utilizan actúan a nivel de la flora intestinal,
no pasan a los tejidos y no dejan residuos que pudieran pasar a los humanos. En
muchos países de Europa están prohibidos y en los EE.UU. prácticamente más del
90% ya no los utiliza. En la Argentina cada vez se utilizan menos.*
* Datos obtenidos de una Investigación realizada por las Lic.
María Verónica Fernández y María Agustina Marzó, publicada por Nutrinfo.